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El propietario de las cucarachas

26 Junio 2024
Desde el primer día que vimos aquel local, supimos que iba a ser un desafío.
La cueva infestada de cucarachas que alquilamos para montar nuestro estudio de tatuajes era una verdadera pesadilla. No había agua ni lavabo, y el suelo estaba hecho un desastre, con trozos de vinilo, restos de cola y pedazos de cemento por todas partes.
Sacamos más de doscientas cucarachas antes de poder siquiera pensar en la reconstrucción. Raro. Pero, poco a poco, transformamos ese lugar.
Nuevo suelo de parquet, paredes de pladur, una pared de madera tratada, un baño adaptado para minusválidos, una nueva instalación eléctrica y de agua, aire acondicionado con bomba de calor en todo el local…
Lo convertimos en un estudio de tatuajes que parecía una barbería hipster. Estábamos orgullosos del resultado. Pero las cucarachas seguían saliendo a centenares. Repasamos todos los rincones. Sellamos todo el perímetro. Era imposible que entrasen de la calle, y tampoco podían salir de dentro. Era inexplicable. Se lo comentamos al propietario, que siempre se había mostrado como un ser mezquino y repulsivo, pero a partir de ese momento, su actitud se volvió cada vez más desagradable y prepotente.
 
Llegó la pandemia y, como muchos otros, tuvimos que cerrar el negocio durante cinco meses. Otros propietarios ofrecieron reducciones en las cuotas de alquiler, pero el nuestro no quiso saber nada.
Pensamos que si no pedíamos una reducción, tendría en cuenta ese gesto cuando llegase el momento de renovar el contrato, pero no fue así. En lugar de eso, nos pegó una subida de escándalo, un 34%, con un contrato abusivo en la mayoría de sus cláusulas.
Negociar con él o su segundo, un tipo desagradable que parecía sacado de un cuadro de Théodore Gerica, fue imposible.
Finalmente, decidimos dejar el local. Eso fue lo que colmó el vaso, pero el asunto de las cucarachas no lo vimos claro desde el principio. Algo pasaba ahí, y ese par ocultaban algo.
Decidimos que era hora de liberarnos de esa asociación perjudicial y avanzar hacia nuevas oportunidades.
 
La noche antes de dejar el local, volvimos para recoger algunas cosas.
Mientras revisábamos los últimos detalles, escuchamos un ruido extraño proveniente del fondo, al otro lado de la pared. Palpamos la pared y descubrimos que en un punto sonaba hueco. Presionamos y se abrió una puerta oculta que apareció de la nada. Nunca la habíamos notado antes. Abrimos la puerta con esfuerzo y descubrimos una habitación oscura. Encendimos las linternas de los móviles y exploramos el lugar. En una esquina, había un viejo cofre cubierto de polvo. Lo abrimos y encontramos documentos antiguos y fotografías en blanco y negro. Las imágenes mostraban a personas en situaciones inquietantes; parecían rituales extraños.
Al fondo del cofre, encontramos un diario con una cubierta de cuero desgastada. Al abrir el diario, leímos las primeras páginas y descubrimos que pertenecía al propietario del local, alguien con una historia oscura y siniestra. Algo que ya intuíamos y que este diario confirmaba nuestras sospechas.
El diario detallaba rituales y sacrificios que habían tenido lugar en ese mismo espacio. Según las notas, estos rituales tenían que ver con presencias malignas. De repente, sentimos que había algo detrás nuestro. Nos giramos, pero no había nadie. El aire se volvió frío y la atmósfera pesada, y el olor a cucaracha que nos había acompañado estos años, nos envolvió. Decidimos que era hora de salir de allí. Cerramos el cofre y salimos de la habitación apresuradamente. La puerta se cerró de golpe, y el ruido resonó por todo el estudio.
 
Al día siguiente, entregamos las llaves al propietario sin mencionar lo que habíamos encontrado.
Nos marchamos y nunca más miramos atrás. Nos fuimos con la casi certeza de que lo que había en esa habitación era lo que nos había acompañado desde el principio.
 
Dicen que más vale malo conocido por bueno conocer. Y en este caso, el conocido era malo, muy malo. Y ocultaba secretos que era mejor no descubrir.
Sin duda, las cucarachas eran una pista que decidimos no seguir.
Kike Fernández

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